jueves, 17 de junio de 2010

(29) El ciclista al que nunca dejó de perseguir el pelotón (avance del programa del viernes 18/06/10)

 
Cuando niño y recién llegada la televisión empezamos en el barrio a seguir con pasión la épica del ciclismo. Las tediosas tardes de julio se transformaban con la llegada del Tour de Francia. Bien es cierto que, por los años que se narran, los triunfos españoles se conjugaban en pasado y tenían a Bahamontes, el águila de Toledo, como estrella. Sería muchos años más tarde cuando los ciclistas españoles se harían los amos de la ronda francesa. Por aquel tiempo, los muchachos reproducíamos las carreteras francesas haciendo caminos de tierra con nuestras manos en los inmensos descampados de la barriada para que fueran recorridas por nuestros equipos de chapas. Los más proclives a la cultura del éxito se disputaban ser Eddy Merchx y los más patriotas Luís Ocaña.

Si la infancia es presente continuo, en nuestro caso, además, éramos niños que tenían por pasado el silencio y el olvido por lo que ignorábamos las historias de los deportistas que habían conocido la derrota y no sólo en la cancha, sino en la vida.

Hay un maravilloso libro con cuyo autor, Julián García Candau, charlamos en “Proyecto ADN,” en el que se narra el deporte durante la guerra civil y que recoge los testimonios dolorosos de aquellos deportistas que desaparecieron en la contienda, que tomaron el camino del exilio o que, incluso, fueron asesinados en la posguerra.

Uno de los casos que más me conmovió fue el de un boxeador que llegó a boxear en el Madison Square Garden y que no figura en la historia oficial del boxeo español. Había peleado con el bando republicano y, de regreso a Barcelona, escuchó en su casa el mensaje de radio en el que se prometía que no había nada que temer si no se tenían “delitos de sangre” y, confiado, fue a entregarse a una comisaría. Al día siguiente fue fusilado.

El viernes, en nuestro programa vamos a conocer la historia de un corredor que disputó la Primera Vuelta Ciclista a España en 1935 y renunció a participar en el Tour de Francia al año siguiente por defender la legalidad republicana ante la sublevación fascista. Un hombre nacido en el seno obrero y criado en la Asturias envuelta de huelgas revolucionarias. Un hombre que hizo la guerra civil y conoció la derrota y el exilio y que participó en la revolución cubana, convirtiendo aquella victoria en "su desquite".

Un ciclista al que el pelotón, el de verdad, el que si te pilla no te absorbe sino que te descerraja una mortal y definitiva ráfaga, no dejó de perseguirle. El ciclista que en su escapada se jugaba algo más que el efímero triunfo de etapa. En su carrera la meta era la supervivencia, el derecho a seguir pedaleando. Su fuga más emblemática no fue en una etapa sino desde Cuelgamuros cuando estaba condenado a edificar el mausoleo de los vencedores. Demasiado para quien no ha nacido para gregario.

Y nos lo contará su hija, Chely Tuero, que va paseando su memoria particular, la de su padre y la de toda la familia por el mundo. Una testigo de carne y hueso de un siglo plagado de barbarie pero también de generosidad, sueños de libertad y capacidad de supervivencia. Una mujer que concluyó el relato de la vida azarosa de su padre, a la muerte de éste.

El viernes, 18 de junio en Proyecto ADN, estará la niña que ilustra este comentario y hablaremos a la sombra del ciclista al que nunca dejó de perseguir el pelotón.

Mariano Crespo

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