martes, 15 de diciembre de 2009

(10) Versos para salir de dudas o para permanecer en ellas (avance del programa del viernes 18/12/09)



Siempre que se acerca la navidad se me produce un estancamiento neuronal (hasta ahora transitorio) que me impide ver con claridad a qué dedicar el programa de radio. Cualquiera de los programas de radio en los que he estado.


La navidad es tan excesiva, tan envolvente, que hasta hacer algo a la contra resulta navideño. Por este paradójico suceso se corre el riesgo que les sucede a esas personas o grupos que cultivan una animadversión o enemistad de años: que se acaban pareciendo a sus adversarios o comportándose de manera similar. De tal manera que si uno se propone ciscarse en la navidad le sale una creación exquisitamente navideña. Ya se sabe que tan religioso es un villancico como una blasfemia.

Pero afortunadamente tengo un salvavidas que me saca de apuros desde hace años. La poesía. Un salvavidas con el que me comporto de manera cruel, porque si bien es cierto que el siempre está ahí como un recurso para tapar mis lagunas creativas, yo nunca le saco de la marginalidad cuando la agenda está repleta de propuestas.

Estoy en deuda con la poesía desde hace años. Me educaron para vivir de espaldas a ella. Me la enseñaron con la misma elegancia con la que muestran el sexo los exhibicionistas bajo la gabardina. Podría haber sentido asco durante años de ella si no fuera porque un día se me mostró tentadora, para mí sólo, como una mansión de la que uno sólo va descubriendo las llaves que abren los armarios, las mesillas, las consolas.

Fue entonces cuando la poesía me empezó a dar respuestas que no estaban en ningún otro sitio. De tal manera que cuando empecé a preguntarme por mí mismo, por el sentido de las cosas y busque saber lo que era el hombre en varios sitios y desde varias perspectivas desde la sicología a la filosofía a la antropología sólo me sació aquella curiosidad la lectura de poesía. Y fue un poeta el que me volvió adicto: el peruano Cesar Vallejo.


Leí los siguientes versos:

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...


En compañía de Vallejo comprendí al ser humano más que nunca. Luego vinieron muchos más y no dejan de venir. Así el viernes llenaremos el estudio de poetas jóvenes. Y es que la poesía saca de dudas e introduce en.... más dudas.. Y ahora os dejo con Héctor Alterio y este maravilloso recitado de León Felipe, recordando que el viernes en proyecto ADN, tendremos a Ada Menéndez, Arturo Martínez, Javier Das, y José Ángel Barrueco.

Mariano Crespo


lunes, 14 de diciembre de 2009

(9) Nadie es perfecto (11/12/09)





EL PROGRAMA (pincha aquí)




"A mí no me importa lo que cada uno haga con su cuerpo". "Yo tengo amigos homosexuales".
¿A que les suena?
Las conversaciones de los homófonos comienzan de manera tan repetitiva y rutinaria como las conversaciones de ascensor. No voy a insistir en ello. Pero si pongo a vuestra disposición un texto de Raquel Platero/Lucas, nuestra invitada del otro día, para que os cuente como está el estado de la cuestión en las escuelas.
Luego, como final de humor, un video de ensalzamiento de la democracia familiar.
Hasta luego, Lucas (siempre es un placer hablar contigo, clandestina Raquel).

Mariano Crespo


NO ES UNA FASE Y NO SE NOS VA A PASAR

Cuando hablamos de la situación de la homofobia en el Estado español es inevitable referirnos al cambio, a la situación paradójica de convivencia de los valores más tradicionales e inmovilistas con una nueva visibilidad y acceso a derechos.

Si nos preguntamos por la homofobia en la educación observamos dos situaciones de diferente velocidad. Por una parte, el profesorado que piensa que no necesita saber más de lo que ya sabe, que su alumnado ya tiene suficiente que con tener las habilidades básicas y que claro, cada año los estudiantes son peores. Y por otra parte, un alumnado y profesorado que se muestra abiertamente y se enfrenta con sus propias herramientas a las normas dominantes, con el consabido castigo por manifestarse como lesbianas y gays o por su identidad de género elegida.
En muchos centros la tónica habitual es aseverar que aquí no tenemos ese problema. Es decir, que la discriminación de género, homófoba o xenófoba no existe, que hemos alcanzado una situación aparente de igualdad formal. Y esta afirmación imposibilita que reconozcamos que tenemos alumnado gitano, trans, o migrante, por ejemplo. Su argumento es que si abordamos de forma específica alguna de estas realidades, estamos creando la diferencia. Negar la diversidad y complejidad no nos posibilita entender porqué faltan a clase, porque a veces tienen actitudes pasivas, porqué no quieren salir al recreo o nadie les elige en los trabajos en grupo, porqué desconectan con los contenidos o dejan el instituto demasiado pronto…

Y nos permite dar otras explicaciones menos incómodas a su comportamiento: son vagos, tontos o incapaces.
Son ya bastantes los centros educativos que a través de diferentes iniciativas están abordando la homofobia y el sexismo. A veces hay algún docente valiente al tiempo que kamikaze, que se atreve a introducir cuestiones en el aula, cuyo trabajo a menudo no aparece en ningún medio de comunicación. Otras veces contamos con el apoyo de organizaciones LGTB que nos dan una charla; otras veces, se trata de campañas desde las administraciones públicas. Esta situación de visibilidad y de intervención es inédita, y sin embargo, persiste la impresión de estar abordando problemas aislados, que afectan a una minoría del alumnado, que no tienen conexión con otras discriminaciones estructurales y que nada tiene que ver con las cuestiones verdaderamente importantes.
En esta situación de doble velocidad para muchas personas el armario sigue siendo la opción más segura. Al menos hasta saber cómo reacciona tu profe, tu compi de clase, tu entorno, el claustro de profes… Y para muchas de nosotras la vida no puede esperar a pedir permiso a la persona que tenemos al lado. Para las niñas y niños trans en primaria es vital que se reconozca ya su nombre y su identidad. No pueden esperar ni al curso que viene, ni a la semana que viene. A los y las adolescentes no les podemos negar los sentimientos que tienen por alguien del mismo sexo.

Luego diremos que no conocemos a estos jóvenes ni qué les pasa por la cabeza. Al profesorado se nos pide que enseñemos sobre valores, pero que no abordemos las cuestiones LGTB porque son incómodas. De nuevo, se nos demanda que nuestra vida sea irrelevante para el ejercicio docente, y esto es, simplemente imposible.


No es una fase y no se nos va a pasar. La sexualidad y la identidad de género no son caprichos fugaces. No se trata de algo irrelevante para el desarrollo de la persona en formación. Abordar la sexualidad en la educación no es una campaña pasajera. Es una necesidad real de hoy. Enseñar sobre la sexualidad y la diversidad sexual se puede hacer, no es una utopía. De hecho se está haciendo en otros países europeos, como Escocia y Holanda, incidiendo directamente en reducir la homofobia. En nuestro entorno, hay muchos docentes que ya llevan muchos años trabajando por una educación integral en igualdad. Un trabajo que se ve recompensados por unas chicas y chicos que son reconocidos como personas con derechos, estudiantes que vuelven al cabo de los años para agradecerte tu trabajo y explicarte que algo que tu dijiste hizo que dejaran de sentirse aislados o raros, que les ayudó a tener un pensamiento crítico y constructivo.

Docentes que estamos abordando el analfabetismo de género y sobre la sexualidad de nuestro sistema educativo, poniendo de manifiesto que no sólo existe el currículum oculto sino que también en el oficial se está reforzando el heterosexismo.
No podemos escudarnos en que el profesorado está desbordado atendiendo otras cuestiones urgentes en el aula. No podemos poner como excusa la presión conservadora que nos pide que hagamos clones de buenos estudiantes cívicos que no piensen por sí solos. No podemos doblegarnos a la homofobia de la sala de profesores que ve en la homofobia una herramienta didáctica para enseñar a los chicos a no ser nenazas y convertirse en hombres de verdad.

Es hora de hacernos visibles, enseñar sobre la sexualidad de manera transversal en todas las asignaturas y etapas educativas, entendiendo que para abordar la homofobia tenemos que hablar también del vínculo con otras formas de exclusión.
En una Europa que expande derechos pero también que está girando para derechizarse, es el momento desmovilizarse por los derechos sexuales.

Ya no nos quedan excusas.

Raquel Platero/Lucas