miércoles, 3 de marzo de 2010

(18) Yo me apeo en igualdad (avance del programa del viernes 05/03/10)


Dijo una vez Rosa Regás que “los hombres no es que no nos quieran es que no nos ven”. Le sobran razones a Rosa para hablar así. Los hombres hemos creído ser la medida de todas las cosas y ignorábamos cualquier cambio en el que no éramos protagonistas. Y los cambios en el siglo XX tienen de protagonista a la mujer y algunos no se han enterado. La palabra mágica es la igualdad y el camino la libertad y viceversa. Es un viaje que debería ser compartido, pero los hombres tendemos a un ensimismamiento narcisista que ralentiza la historia pero no la detiene.

Iguales sí, pero unos más que otros. La libertad resulta una cosa vana sin la igualdad. Sé que esto que digo puede levantar ampollas pero es así.

La libertad, en su sentido más reducido, puede estar al alcance de la gente incluso en las dictaduras. Sólo que de muy poca gente. Las gentes del tejido social que las nutre, por ejemplo. Cuando observo a algunos y algunas de nuestros dirigentes actuales que tanto llenan su boca con el término libertad no dejo de pensar que si la dictadura que finalizó en 1975 prosiguiese ellos y ellas no variarían mucho su manera de vivir. Quiero decir que la gran diferencia entre revolución y reforma es que en esta, los que estaban montados en el machito siguen en el machito al igual que los que cortaban el bacalao. La gran diferencia entre dictadura y democracia es que los que vamos a pie y comemos sardinas tenemos que poner un cuidado especial en no reivindicar ni transporte ni marisco porque corremos el riesgo de llevar una vida agitada.

De ahí que la libertad les venga a algunos en el ADN y a otros siempre en el Proyecto. No me negaréis que está esto bien traído para presentar el próximo programa de “Proyecto ADN”.

Pero hoy voy a hablar de las mujeres pese a ser 8 de marzo. La vida actual, la libertad actual, tal y como la disfrutamos y como nos la limitan nos sería imposible de comprender sin el esfuerzo de un reducido, en principio, número de mujeres. Sé que cuando se habla de los padres de la patria se habla de hombres. Los hombres siempre acabamos ocupando en frontispicio de los monumentos cívicos. Pero para los que vivimos en la calle la transición, no nos es ajeno que la lucha por la libertad y la igualdad en lo cotidiano, fue una empresa, muchas veces heroica de un escueto grupo de mujeres. A las que, por cierto, se les postergó en el momento de hacer las leyes democráticas. Se dejó postergado el adulterio, se retrasó el divorcio y con el aborto todavía andamos peleando si el útero de las mujeres es de ellas o de dios o de Rouco.

Pero las mujeres tienen la constancia de las hormigas. Y fueron entrando en el mercado laboral, incluso en el que les estaba vetado. Y fueron sorteando desdenes con una paciencia oriental. Y llevaron adelante, solas, en muchas ocasiones sus interrupciones de embarazo y llevaron adelante, solas en muchas ocasiones, sus partos, sus lactancias y su supervivencia. Y regatearon las afrentas de los registros legales, de las inscripciones de las escuelas, del cuchicheo de los patios.

Algunos lo quieren olvidar. Pero para que hoy ciertas cosas parezcan naturales hubo quien sostuvo una pelea soterrada y cotidiana contra la ignorancia y el desprecio a la mujer. Un desprecio solapado con la estimación de que eran princesas, reposos del guerrero, ángeles, guardianes de las esencias, mandangas e imposturas.

En el programa de “Proyecto ADN” del viernes 5 de marzo, vamos a hablar del largo trayecto de la igualdad. Vamos a hablar de batallas ganadas en una guerra inacabada. Y nos gustaría que tú participes de este debate. El programa, como las estaciones de metro, llevará el título de “Yo me apeo en Igualdad”. Una estación de metro que todavía no nos ha inaugurado el alcalde.

Mariano Crespo


lunes, 1 de marzo de 2010

(17) La Sombra del Tigre (Biografía: Vida privada y pública) (26/02/10)


EL PROGRAMA (pincha aquí)


Cuando uno piensa en un tigre una de las cosas que le vienen a la cabeza es su capacidad disuasoria. Pero cuando a la salida del programa de radio del oto día reflexionaba por la calle sobre el Tigre como disuasión, curiosamente estaba pensando en el tema que habíamos abordado: ¿A quién pertenece la biografía? Volveré sobre ello más tarde.

Se me hizo corto el programa dedicado a la propiedad de nuestra biografía, de la de todos. Cerré el programa prometiendo volver sobre ello y se me escapó una palabra como reto: necrológica.

La necrológica es el beso de despedida en los ojos del muerto con la disculpa de la biografía. Es, con todo, un arte periodístico que de siempre me llamó la atención, incluso hace muchos años, cuando todos los muertos eran ajenos e incluso la muerte parecía un asunto sobre el que estaba vacunado.

En el programa, Albert Solé, habló con sinceridad de aquello que le llevó a filmar la desmemoria de su padre, Jordi Solé Tura, atrapado por el Alzheimer. Fernando Olmeda habló en su doble condición de periodista y de biógrafo. Pero yo creo que no tuvimos más tiempo que para deslindar el tema porque este ofrece tantos ángulos, tantos perfiles que, en un futuro, nuestra pregunta tendrá que ser más concreta para que nos quede una certeza.

Mi primer acercamiento al género biográfico fue, observado ahora en la distancia, divertido. En la formación particular de mi generación las primeras biografías que conocimos fueron las de los santos, una de las cosas más tremebundas a las que se puede someter una mente infantil. Tras ello, nuestro sistema educativo nos introdujo en las vidas de los prohombres que constituían la historia de España. Frente a tal formación a nadie le resultará extraño porque a mí, y a muchos como yo, los personajes de los tebeos tuvieran un perfil más realista y creíble que nuestros biografiados.

Es cierto que vivíamos en una dictadura, pero ahora que vivimos en estos tiempos democráticos a uno le ha tocado asistir a un fenómeno curioso. Al hacerse los planes educativos de las diferentes nacionalidades que componen nuestro estado, hemos asistido con estupor al emerger de unas biografías y unas historias de los héroes locales tan hagiográficas e increíbles como aquellas por las quisieron formar nuestro espíritu como españoles y cristianos. Y es que conformar patriotas y escribir historia son elementos enfrentados al parecer.

Otro elemento que puede chocar en los tiempos modernos, y en el campo de las biografías, es esa invasión de la vida privada en el perfil oficial. Siempre he visto con recelo el hecho de que un candidato público tenga que poner todos los lados de su vida para consumo privado y colectivo.

Pero lo que me ha parecido escandaloso y todo el mundo parece tomar como normal es el asunto de Tigre Woods. Y es aquí cuando vuelvo a los comienzos de estas líneas. Este buen hombre iba tapando con sus bolas todos los agujeros del mundo con más habilidad que los demás. Por ello le pagaban y se le adulaba. Pero un buen día se descubre que su afición a embocar no se reduce a los “green” sino también a las superficies púbicas de muchas mujeres, con el agravante de que él ya está casado.

De repente este detalle que yo no voy ni a defender ni a atacar porque no me incumbe (y creo que sólo concierne a los afectados y afectadas directamente) le convierte en un apestado. Sigue siendo el mejor pero se le retiran todos los contratos publicitarios. Como digo no lo entendía. Hasta que recordé el misalín de mi primera comunión. Allí no importaban tus logros sino que fueras bueno y rezaras tus oraciones. Todavía sigue vigente y, en la actualidad, tiene un tigre como elemento disuasorio.

Mariano Crespo